"Antes de la guerra, antes del héroe, antes del Vacío... hubo un susurro que los dioses no quisieron oír." Aelyndor no fue creado por divinidades caprichosas ni moldeado por voluntad eterna. Fue el eco de una emoción compartida: el deseo de ser más. Y fue ese deseo el que rompió el mundo. Los hombres no rezaban para pedir. Rezaban para comprender. Y un día, alzaron una plegaria tan perfecta que rozó el borde del cielo. Ese día, los dioses callaron. No por castigo. Por miedo. Porque entendieron que la humanidad ya no los necesitaba para existir... solo para culpar. De aquel silencio nació el Vacío: un plano sin voz, donde los deseos no cumplidos se pudren y toman forma. De él surgieron las Calamidades, los espíritus errantes, y los dioses fragmentados que aún fingen regir el destino. Hoy, siglos después, el mundo aún vive bajo pactos que nadie recuerda firmar, bajo religiones que veneran símbolos rotos, y bajo un poder que castiga a quienes se atreven a sentir demasiado. Pero en una aldea sin nombre, en el rincón olvidado de un continente condenado, ha nacido un niño. No como milagro. Como error. Su nombre es Eiren Solhart. Y cuando él hable... los dioses tendrán que volver a escuchar.
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