No todo lo que se rompe puede ser reparado. Algunas heridas no cierran. Algunas promesas se olvidan. Y algunas miradas... se graban en la memoria como cicatrices invisibles. Había noches en que el peso de lo no dicho era más feroz que el de las balas. Había mañanas en que el recuerdo de lo que no pudo ser dolía más que cualquier pérdida. No fue odio, al principio. Tampoco amor. Fue algo más silencioso, más peligroso: una grieta que se abrió sin que nadie lo notara. En medio de una guerra que devoraba ciudades y corazones, dos almas erraron, se cruzaron, se hirieron... y, sin quererlo, se reconocieron. Esta no es una historia de héroes. Tampoco de vencedores. Es, simplemente, la historia de dos personas que nunca debieron encontrarse. Y que, aun así, no pudieron soltarse.
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