Quiereme  Cómo Soy

Quiereme Cómo Soy

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WpMetadataNoticeÚltima atualização qua, mai 7, 2025
Quiéreme como soy Una historia de cicatrices que se encuentran Artaria López ha vivido con las huellas de una infancia marcada por el pie equino y la parálisis infantil grado 1. Aunque intenta aparentar seguridad, por dentro lucha cada día con su reflejo y con un mundo que no siempre comprende su forma de andar, ni sus silencios. Nunca ha sentido que encaja del todo... hasta que aparece él. Adrik Valdrich es el típico chico malo: rebelde, adicto a las peleas ilegales, el alcohol y las fiestas. Pero lo que nadie sabe es que su vida se rompió el día que perdió a su padre, un motociclista apasionado que lo enseñó a amar la velocidad... y el riesgo. Desde entonces, Adrik se esconde tras una coraza de arrogancia, huyendo del dolor con ruido y caos. Cuando sus caminos se cruzan, sus heridas se reconocen. Ella necesita aprender a aceptarse tal como es. Él necesita aprender que amar no es una debilidad. Ambos aprenderán que el amor verdadero no busca cambiar... sino abrazar lo que el otro es, con todo y sus sombras.
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No recuerdo exactamente cuándo empecé a sentir que mi existencia era una carga. Tal vez fue en la secundaria, cuando aprendí que ser diferente era motivo de burla. O quizás mucho antes, cuando empecé a ver en los ojos de mi padre ese desprecio disfrazado de indiferencia. Mi nombre es Antonio Alves. Tengo 24 años, y durante mucho tiempo, viví convencido de que el mundo estaría mejor sin mí. Fui criado por dos mujeres fuertes: mi madre, Lucía, y mi abuela Julia. Ellas intentaron darme todo el amor que mi padre, Álvaro, siempre se negó a ofrecerme. Pero a veces, el amor no alcanza para protegernos de todo. Las cicatrices invisibles suelen doler más que las que sangran. He intentado desaparecer. Más de una vez. Y no lo digo con orgullo. Lo digo porque es parte de mi historia. Vivo con una constante ansiedad que me aprieta el pecho como si alguien se sentara sobre mí. Me cuesta respirar, pensar, existir. Y cada día que pasa, me pregunto cómo sería sentirme... normal. Sentirme bien. Hasta que un día, él apareció. Adrián Delucca. Veinte años, sonrisa fácil, mirada transparente. Tan lleno de luz que al principio me molestaba. ¿Cómo podía alguien mirar la vida con tanta esperanza después de tanto dolor? ¿Cómo podía ser tan libre, tan él mismo, sin pedir perdón por existir? No sabía que al conocerlo, mi mundo iba a empezar a cambiar. Que con cada palabra suya, cada gesto, cada silencio... yo iba a empezar a reconstruirme. Y aunque todavía tengo miedo, y muchas veces las sombras me susurran cosas feas... por primera vez, siento que hay algo -alguien- que vale la pena intentar.

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