Tras la derrota de Voldemort, Draco Malfoy es juzgado por el Wizengamot, junto a otros mortífagos que no lograron escapar. Sus actos durante la guerra lo alcanzan, y ahora debe enfrentar las consecuencias. Uno de los testigos clave en su juicio es, irónicamente, Harry Potter, el salvador del mundo mágico, quien logra evitarle una condena en Azkaban. En su lugar, Draco recibe arresto domiciliario, con visitas regulares de aurores encargados de vigilarlo y limitar su uso de magia. Su mundo se reduce a las paredes de la Mansión Malfoy... y al silencio.
Harry, por su parte, intenta reconstruir su vida sin la carga de ser "el Elegido". Mantiene su relación con Ginny Weasley y acepta un puesto en el cuerpo de aurores junto a su mejor amigo Ron. Aunque no está del todo seguro de lo que quiere, se lanza a esta nueva etapa con la esperanza de encontrar algo de normalidad.
Pero el destino no ha terminado de entrelazar sus caminos. Un encuentro inesperado, una misión asignada por el Ministerio o tal vez una visita rutinaria... sea como sea, sus vidas vuelven a cruzarse, dando un giro que ninguno de los dos vio venir.
Cronos no aparece gritando.
Aparece cuando Luke duda.
"El chico es una llave.
O lo traes a mí...
o lo rompes antes de que otros lo usen."
Luke sabe que podría hacerlo.
Pero cada vez que imagina a Percy muerto, algo dentro de él se niega.
No quiere perderlo.
No quiere entregarlo.
Quiere que elija quedarse.
"Sé mío," piensa Luke,
"o el mundo no te dejará vivir."