
Harry estaba en el altar, dispuesto a casarse. Sin embargo, antes de que diera el "sí quiero" la puerta de la iglesia tronó, y cuando se dio la vuelta para ver quién interrumpía maleducadamente su momento, la cara se le puso blanca del susto. Un niño había entrado, tendría unos 5 años, su complexión era delgada y el pelo rubio revuelto. Por último, unos ojos verdes que reconocería en cualquier lado lo observaron y se iluminaron cuando lo identificó. -¡Papá! -gritó el niño y corrió hacia él. Por lo menos lo intentó. -¿Qué te ha dicho papi sobre correr sin decirme a dónde vas? -regañó con un semblante suave. El niño llamado Scorpius evitó la mirada de su padre y señaló a Harry. -He venido a por papá -respondió con un puchero. Draco sonrío y miró en dirección a lo que señalaba su hijo. Ante él, Harry pálido y en su contraste, Ginevra, roja como su pelo, dedicándole una mueca enfurecida y el ceño fruncido a más no poder. Draco solo pudo responderle con una sonrisa suficiente.Todos los derechos reservados
1 parte