
La sirena sonó por tercera vez. Un sonido agudo, repetitivo, que helaba la sangre. No era una alarma de incendio, ni una práctica escolar... esta vez era real. Lo supo Nath por la forma en que los soldados irrumpieron en la escuela: cascos oscuros, botas sucias, rostros tensos y rifles listos para disparar. Se movían como si el tiempo se les escapara.Alle Rechte vorbehalten