Sabes, ángel... Adán y Eva comieron del fruto, pero ese no fue el verdadero pecado.
Aziraphale entrecerró los ojos, sabiendo ya que nada bueno vendría después.
-¿Ah, no?
-No. El pecado... fue lo que sintieron después. Culpa, deseo, hambre... de más. ¿Alguna vez has sentido algo así, Aziraphale?
El ángel abrió la boca, pero no hubo respuesta. Solo calidez. Y la sensación de que el Edén no era lo único que estaba a punto de ser profanado.
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