En el verano de 1928, Ian Walton, investigador extranjero, llega a Santa Marta atraído por un encargo aparentemente académico: esclarecer la muerte del joven antropólogo Edward Cook y el origen de una extraña esfera cubierta de símbolos desconocidos. Pronto descubre que el objeto está ligado a una serie de episodios de locura colectiva, visiones compartidas y ataques neuróticos que afectan a comunidades cercanas a la Sierra Nevada, en especial en las montañas de Minca.
A través de testimonios de científicos, periodistas y lugareños, Ian reconstruye una inquietante red de sucesos: sueños recurrentes de una entidad amorfa de múltiples ojos, un lenguaje antiguo pronunciado por los poseídos y la creencia de que algo ancestral ha despertado en lo profundo de la montaña. Guiado por su obsesión -y por la influencia creciente de la esfera-, se interna en la comunidad indígena donde un chamán le revela una verdad aterradora: los hombres han perturbado un lugar sagrado, despertando a una conciencia primigenia que no es un dios, sino un vacío que sueña al mundo y lo corrompe desde sus raíces.
A medida que la frontera entre sueño y vigilia se disuelve, Ian comprende que ya no es un observador, sino parte del ritual. La entidad, oculta bajo la montaña, se manifiesta a través de visiones, delirios y lenguajes imposibles, reclamando su regreso. El relato culmina con la certeza de que lo que ha sido despertado no puede volver a dormirse, y que el horror no proviene de la muerte, sino del conocimiento adquirido: la humanidad no es más que un pensamiento pasajero en la mente de algo infinitamente antiguo que acaba de abrir los ojos.