Camila no sabía mucho sobre comienzos. Había aprendido a sobrevivir a los finales: el del orfanato a los dieciséis, el de las promesas que nunca llegaron, el de la infancia que se evaporó demasiado pronto. Pero a los dieciocho, por primera vez, decidió empezar algo por sí misma. Filosofía en Madrid. Una ciudad nueva. Una vida en blanco.
No esperaba grandes cosas. Solo silencio, estudio, tal vez algo de paz. Lo último que imaginaba era a Samantha: sonrisa afilada, mirada de fuego, una piloto de Fórmula 1 que llegaba como un rayo a romper su calma cuidadosamente construida. Bastó una conversación, una sonrisa, para que su mundo empezara a tambalearse.
Camila había aprendido a escapar. A reprimir, a esconder, no estaba preparada para el temblor de sentirse viva ,pero hay verdades que no se entierran para siempre
Porque a veces, el conflicto más profundo no es con el mundo... sino con una misma
All Rights Reserved