Navegando a 300 km/h

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WpMetadataNoticeLast published Sat, Jul 5, 2025
Odio la lluvia. Siempre la odié. Pero nada me preparó para lo que vino después de ese paseo con mi hermana: oscuridad, silencio... y luego el llanto de un bebé. ¿Qué clase de broma cruel es esta? ¿Morí? ¿Estoy en coma? ¿Por qué tengo manos tan pequeñas? ¿Por qué lloro sin querer? Reencarné. En otro mundo. Y peor aún: comí una Fruta del Diablo ridícula que me da el poder de convertirme en una abuela con habilidades turbo. Sí, una turbo abuela. Rápida como un rayo, gritona como una madre chilena, y tan impredecible como la vida misma. Ahora navego con los Sombreros de Paja, entre peleas, recuerdos borrosos y un destino que no pedí. No sé por qué estoy aquí, pero si el mundo quiere respuestas... primero tendrá que aguantar mis gritos.
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¿Alguna vez te has preguntado el por qué suceden ciertas cosas? Confieso que eso es precisamente lo que hago en estos momentos. La repaso una y otra vez por el espejo del retrovisor, hace ya mucho que no pelea por ser la primera en subir al carro. Noto su mandíbula tensa y es que las lágrimas están a punto de brotar, pero las contiene, muerde su labio y suelta el aire entrecortada mente. Su rostro está completamente pálido y unas finas líneas púrpuras enmarcan sus ojos. Estaba tan cansada de verla llorar. La notaba tan sola, triste, tan débil que podría jurar que sus ojos se habían secado. <¿Qué es lo que te sucede? > podría haber pronunciado, pero sé que no respondería, o al menos, no frente a él. Conduce con la mirada fija en el camino, mientras sus manos aferran el volante. Intento dilucidar algún indicio, alguna respuesta... Pero lamentablemente para ese entonces era demasiado pequeña como para entender. Esta es la historia del como mi hermana llegó a suicidarse. Un año después que ese maldito imbécil pisó por primera vez nuestra casa. No se permiten copias ni adaptaciones de esta historia. Apta para mayores de catorce años.

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