La muerte siempre fue un concepto lejano: algo que les pasa a otros, a extraños en las noticias o parientes lejanos. Pero cuando se acerca despacio, silenciosa como el invierno, y toma la forma de una enfermedad incurable... todo cambia. Luchaste, resististe, intentaste mantener la sonrisa... ¿Para qué? ¿Para ver tu propia vida escurrirse entre los dedos, mientras todos a tu alrededor te miran con esa mirada de lástima disimulada? ¿Para sentirte una carga, un obstáculo en el camino de quienes amas? La enfermedad no solo mata el cuerpo: desmorona el alma.
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