"La sangre que corre por sus venas no la mantiene viva: la traiciona, se agita... y se derrama por sus ojos."
Beniko Chinoike tenía apenas ocho años cuando su madre, Miyuki, decidió que era hora de huir. Durante generaciones, los restos del clan Chinoike sobrevivieron como sombras en el Valle del Infierno, un paraje olvidado donde fueron condenados tras ser expulsados del País de las Aguas Termales. Lo que alguna vez fue un clan temido, fue reducido a un eco, borrado de la historia por celos de la esposa del Daimyō del País del Rayo.
Cada tanto podían salir a buscar comida, pero al saberse su apellido, eran exiliados de nuevo.
El Valle no era su hogar. Era su tumba.
Por décadas, los últimos Chinoike resistieron el hambre, el aislamiento y el tiempo. Miyuki lo sabía: una de las dos moriría pronto, y no iba a permitir que fuera su hija. Una noche empacaron lo poco que tenían y partieron bajo la oscuridad. No llevaban identidades falsas. Ya nadie recordaba a los Chinoike.
El viaje fue cruel. Tras un ataque, Miyuki fue herida de muerte. Antes de morir, dejó a su hija una frase que marcaría su destino:
"La sangre de los Chinoike no te mantiene viva. Te traiciona, se agita... y se derrama por tus ojos."
Beniko, desnutrida y al borde del colapso, llegó tambaleante a las puertas de la Aldea de la Hoja. Los guardias apenas lograron verla antes de que se desplomara. Contra todo pronóstico, sobrevivió.
Desde entonces, la joven de ojos oscuros vive entre quienes una vez fueron contratados para exiliar a su clan. En esa aldea encontrará motivos para vivir... y heridas que nunca dejarán de doler.
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