Entre letras y flashes

Entre letras y flashes

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WpMetadataNoticeLast published Wed, Feb 25, 2026
Un periodista. Un fotógrafo. Una historia que no estaba en el guion. Carlos vive entre páginas marcadas, tazas de café frío y silencios largos. Su primer amor siempre fue la escritura, pero la vida lo empujó hacia el periodismo. Hoy, con 27 años, es metódico, reservado y más cómodo detrás de una crónica que frente a sus propios sentimientos. Charles acaba de entrar a la oficina de redacción. Fotógrafo de 23 años apasionado, espontáneo y luminoso, lleva la cámara colgada al cuello y la sonrisa en la cara. Es de esos que llegan y desordenan todo... incluso lo que otros han tratado de mantener en calma durante años. Cuando el periódico en el que trabajan se enfrenta a una posible desaparición, la redacción necesita un artículo distinto. Algo que rompa el molde. Algo que pueda salvarlos. A Carlos le asignan la tarea. A Charles, también. Lo que empieza como una colaboración profesional se convierte en algo más íntimo. Entre letras contenidas y flashes robados, dos mundos opuestos empiezan a tocarse en los bordes.
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Charles Leclerc no era alguien que viviera con arrepentimientos. Creía firmemente que, si quería hacer algo, debía hacerlo sin dudarlo, porque sin importar el resultado, siempre quedaría la experiencia. La vida era corta y él planeaba vivirla sin remordimientos. Sin embargo, mientras manejaba por las calles desiertas de Mónaco a las tres de la madrugada en busca de sushi, comenzó a cuestionarse un par de cosas. No se arrepentía en lo absoluto de haber decidido formar una familia con Carlos. Lo que sí lamentaba, quizá un poco, era haber sido tan confiado al decirle que pidiera lo que quisiera, cuando quisiera, que él se lo concedería sin importar la hora. Porque claro, su omeguita embarazado había tomado esas palabras demasiado en serio. Suspiró, tratando de ignorar el frío de la noche mientras conducía. En algún punto de su vida, entre circuitos y podios, se había imaginado noches de insomnio por nervios antes de una carrera, pero nunca pensó que sus desvelos serían por una misión culinaria de emergencia. Y aun así, ahí estaba, porque si algo tenía más grande que su orgullo era el amor que sentía por Carlos... aunque mañana definitivamente renegociarían los términos de esos antojos nocturnos.

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