Rozarte sin tocar tu alma

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WpMetadataNoticeLast published Mon, Jul 28, 2025
Valentina tenía 17 años cuando conoció a Villamil, un músico con el corazón lleno de canciones y la mirada de quien aún cree en las promesas. Él tenía 20, una guitarra a cuestas y el mundo esperándolo afuera. Lo que empezó como un amor escondido entre garabatos de pared, lluvia bogotana y vasos con whisky robado, terminó siendo una historia que el tiempo no supo borrar. A través de los años, de las ciudades, de los escenarios y de los silencios, Villamil siguió buscándola. En llamadas que no se contestan, en cartas escritas a mano, en canciones que nunca se publican. Y Valentina, aunque intentó seguir, no logró dejar de escuchar esa voz que alguna vez le prometió no olvidarla. Esta es una historia sobre lo que permanece. Sobre el amor que no basta, pero tampoco se rinde. Sobre dos personas que se fueron, pero nunca terminaron de irse.
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Dicen que el primer amor nunca se olvida. Yo juraba ser la excepción a esa regla. Durante años me convencí de que sí era posible enterrar el pasado, dejar atrás ese "gran amor" que marcó mi infancia, mi adolescencia... mi vida. Pero eran las cuatro de la mañana. Trabajaba en silencio, con la radio como única compañía. A esa hora ya no hay voces, solo música. Y entonces sonó. Su voz. El grupo. Esa canción. Y fue como si alguien abriera un baúl cerrado con llave. Volvieron las risas de niños compartiendo secretos, las despedidas sin cierre, las promesas que nunca supieron sostenerse. Tú soñabas con los escenarios. Yo nunca supe lo que quería... hasta años más tarde, cuando el mundo de la clínica me recibió con los brazos abiertos. Tú elegiste la música. Yo, la medicina. Tú escogiste irte a cumplir tus sueños. La escogiste a ella. Éramos dos mundos destinados a no encontrarse. Eso me dejaste claro el día que rompiste mi corazón. Juan Pablo Villamil... ¿qué ganas con volver, si igual te irás como el viento? Del dos mil y algo hasta hoy, todo ha cambiado. Todo... excepto lo que aún siento cuando escucho tu voz.

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