Chuuya no estaba buscando a nadie.
Solo quería respirar de nuevo sin que doliera.
Dazai decía que no creía en las segundas oportunidades, pero igual aparecía cada semana en el grupo, sentado en la esquina como si el mundo pesara más sobre él que sobre nadie.
Se conocieron entre tazas de café, paraguas compartidos y silencios largos.
Uno hablaba poco.
El otro escuchaba demasiado.
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