ISLARA es una casa en la costa.
Pero también es un refugio, una grieta, un territorio suspendido entre lo que duele y lo que empieza a sanar.
Aina llega con los restos de un amor roto, una libreta llena de palabras que nunca se dijeron y un cuerpo que todavía no sabe cómo habitar sin miedo.
Allí conoce a Sol, Gael, Ren, Tomás, Nadia...
Personas que no salvan, pero acompañan.
Que no prometen, pero se quedan.
A lo largo de quince capítulos que se leen como confesiones, esta novela nos habla del duelo, del deseo, del silencio, del amor sin etiquetas y de la posibilidad de reinventarse sin borrarse.
Islara no es un lugar fijo.
Es todo aquello que nos contiene mientras aprendemos a contenernos a nosotros mismos.
Algunas veces tenemos momentos difíciles, momentos de colapso que nos hacen dudar en sí vamos a salir ilesos de ellos. Alguna veces tenemos toques de demencia que nos hacen imaginar nuestra vida en otro lugar, o en otra perspectiva. Toques demenciales que nos hacen perder el sentido del existir. Solo toques que necesitamos desahogar.
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Estas leyendo un libro donde la realidad te carcome, donde la realidad te quita la felicidad, donde la realidad trata de eliminarte. Solo es un libro que habla sobre lo triste que es existir y de lo bonito que es vivir.