
El sonido de la lluvia sobre el tejado le traía recuerdos que no quería volver a sentir. Pero ahí estaban, una vez más, como cada vez que el cielo se ponía gris y el mundo se sentía un poco más lento. El olor a tierra mojada era el mismo que aquella tarde en que lo vio por última vez. Marina llevaba diez años arrastrando un amor que nunca tuvo permiso de existir. No por falta de sentimiento, no por falta de deseo, sino porque sus padres decidieron por ella.Все права сохранены
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