Dos mamás
Soy Megan, veterinaria, apasionada de los deportes y los viajes, con una vida que muchos envidiarían. Vivo en Río de Janeiro con mi esposo Estevan, un abogado brillante y encantador. Llevamos cinco años casados y, aunque nuestro matrimonio es feliz, hay un silencio que pesa en nuestra casa: el deseo de un hijo que aún no llega.
La infertilidad de Estevan no nos detuvo. Decidimos que queríamos ser padres de otra manera: inseminación in vitro con óvulos míos y esperma de un donante anónimo, y un vientre subrogado que llevara nuestro sueño.
Así conocí a Alba, una maestra solidaria de 30 años, que conmovida por la promesa que le hizo a su madre enferma de cáncer, aceptó llevar a nuestro bebé en su vientre.
Nunca imaginé que esta decisión cambiaría no sólo nuestra vida, sino la mía de una manera que ni el más romántico de mis viajes pudo prever.