Petey, un joven criminal transmasculino, despierta encerrado en una iglesia convertida en prisión. Su carcelero no es un juez, ni un sacerdote, ni siquiera un verdugo... sino un perro. Dog Man, mitad bestia, mitad hombre, lo ha llevado allí para "salvar su alma". No con sermones, sino con vigilancia obsesiva, rituales extraños y un amor tan febril que parece más castigo que consuelo.
A medida que los días se desangran entre oraciones mutiladas, celibato fingido y una culpa que no les pertenece del todo, Petey empieza a temer que su peor infierno no esté en el encierro, sino en esa devoción feroz que Dog Man profesa por él. Porque Dog Man no quiere justicia. Quiere expiar. Y para eso, necesita sufrir. Y para sufrir, necesita amar.
Entre letanías crujientes, cuerpos que no encajan en la doctrina y una violencia disfrazada de salvación, ambos caerán en un abismo donde la fe ya no redime y el deseo es otra forma de penitencia.
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