La ceremonia de selección había transcurrido como cada año: sombrero, aplausos, asignaciones. Sin embargo, un rumor latente mantenía a todos expectantes. Se hablaba de nuevos estudiantes, nombres desconocidos, presencias esperadas. La intriga se respiraba en el aire. Fue entonces cuando el director Dumbledore se puso de pie, captando por completo la atención del Gran Comedor.
-Ahora pasemos a darle la bienvenida a nuestros dos nuevos estudiantes... y a una exalumna que regresa este año. Por favor, recibamos a los hermanos Riddle... y a la señorita Clark.
El silencio fue inmediato. Como si el tiempo se detuviera por un instante.
El rostro de Theodore Nott, hasta entonces indiferente, se endureció. Su expresión cambió a una mezcla confusa de sorpresa, incomodidad... y algo más. Levantó la vista de su plato, buscando en automático los ojos de sus mejores amigos. Draco y Pansy también lo miraban, igual de perplejos, sin saber qué pensar. Nadie lo había anticipado.
Las grandes puertas del comedor se abrieron con elegancia, y el crujido resonó como un anuncio solemne. Todos giraron en esa dirección.
Y entonces la vieron.
Ella.
Ada Clark.
En medio de los hermanos Riddle, caminando con la cabeza en alto y una expresión serena, casi vacía. La misma niña risueña y dulce que había sido su mundo... y que ahora parecía tan distinta. Su rostro no mostraba emoción alguna. Ni miedo, ni duda. Solo firmeza. Solo fuerza. Pero sus ojos -esos ojos que Theodore siempre había podido leer- se detuvieron por un segundo en él.
Y ese segundo lo cambió todo.
Porque en ese instante, hubo algo. Un destello. Como una chispa de algo que había sido y tal vez aún era. Y luego, nada. Ada desvió la mirada como si nunca hubiera pasado, como si su camino no hubiera estado lleno de memorias con él, y simplemente continuó andando hasta llegar junto al director.
Y Theodore supo, sin necesidad de palabras, que ella ya no era la misma.
Pero tampoco él.
All Rights Reserved