A los cinco años aprendí que el amor podía ser una jaula dorada. Mi padre decía que era protección. Mi madre, preocupación. Mis hermanos, silencio incómodo. Crecí rodeada de miradas que me cuidaban demasiado y palabras que pesaban más que mi propio cuerpo. *"Si no bajas de peso, nadie te va a querer."* *"¿Quién se va a casar contigo así?"* Yo sonreía. Siempre sonreía. La noche de la fiesta en la mansión de mi padre, todo parecía igual: música elegante, copas caras y personas que no me veían realmente. Hasta que **él** entró. Traía acento italiano, tatuajes marcando su piel como promesas rotas y una sonrisa peligrosa, de esas que no piden permiso. No me miró como los demás. Me observó como si yo fuera un reto... o una apuesta. Y quizás lo era. Lo que nunca imaginé fue que su juego terminaría siendo mi ruina. Ni que el hombre que apostó mi corazón sería el único capaz de romper el suyo.
More details