Marc y Laia nacieron el mismo mes, en el mismo año, en el mismo barrio. Desde pequeños se cruzaban casi todos los días: él, el niño travieso que no paraba de hacer bromas; ella, la chica sensible que acababa llorando... y su hermano mellizo, Alejandro, el puente entre ambos.
Marc siempre fue parte del grupo de amigos de Alejandro, y aunque parecía que solo le gustaba molestar a Laia, nadie sabía que siempre corría detrás de ella cuando lloraba, susurrando un "lo siento" cuando nadie miraba.
Ahora tienen 17 años. El tiempo ha pasado, las bromas infantiles han quedado atrás... o eso parece. Porque de repente, a Marc le cuesta dejar de mirar a Laia, y a Laia le cuesta ignorar que Marc ya no es el niño que le tiraba del pelo, sino alguien que, de pronto, le acelera el corazón.
¿Y si ese amor había empezado mucho antes de que ellos lo notaran?