- Después de todo, ella se encuentra bien. -
- ¿y tú lo estas? -
El silencio se cernía como una sombra opresiva, la peor respuesta que podía habitar en el ambiente. El viento, helado y cortante, azotaba la piel con un roce gélido, como si cada ráfaga llevara consigo un lamento olvidado. La tarde se desvanecía en un anochecer grisáceo, donde la luz se extinguía lentamente, dejando tras de sí una sensación de desasosiego profundo. Cada susurro del viento parecía arrastrar consigo los ecos de un pasado doloroso, intensificando la agonía de la espera.
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