Esta historia no nace del morbo ni de la tragedia. Nace del silencio. De ese silencio que muchas veces habita entre padres e hijos, entre el bullicio cotidiano y las pantallas encendidas. Nace del ruido interno de un adolescente que, en medio del aparente orden del mundo, se siente invisible.
Marcos podría ser cualquier joven. Tiene nombre, rostro y sueños, pero también heridas que nadie supo ver a tiempo. Esta es su historia: la de un muchacho que llega al borde, empujado por la soledad y un desengaño que lo desarma. Pero también es la historia de una mano tendida, de una voz que interrumpe el salto y devuelve la esperanza. Porque incluso en los momentos más oscuros, la vida puede abrir una rendija por donde entre la luz.
Este libro quiere ser un llamado a la escucha. A mirar a los hijos, no como cumplidores de agenda, sino como personas que sienten, dudan y necesitan ser abrazadas sin juicio. Quiere recordar que nadie debería llegar al borde solo. Y que muchas veces, una palabra a tiempo salva más que cualquier tratamiento tardío.
Que esta lectura sirva no solo para conmover, sino para despertar. Para preguntarnos cómo estamos habitando nuestras casas, nuestros vínculos, nuestras ausencias. Que no haga falta un puente ni un abismo para darnos cuenta de que aún estamos a tiempo.
-R. I.
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