La Amistad del Vacío
El vacío no es oscuridad... es silencio.
No nace del odio, ni del dolor, ni siquiera de la nada.
Es lo que queda cuando todo lo demás ha sido quitado:
la voz, el deseo, el nombre.
No sueña. No duda. No siente.
Avanza porque fue hecho para avanzar,
existe porque alguien decidió que debía existir.
No conoce la calidez de un abrazo,
ni el peso de una promesa.
Las risas le son ajenas,
y las lágrimas... incomprensibles.
Y aun así, camina entre quienes sí sienten.
Entre colores que no entiende,
entre lazos que no puede nombrar,
entre corazones que laten con una fuerza que le es desconocida.
El vacío no busca pertenecer.
No anhela cambiar.
No desea ser más.
Pero a veces...
cuando el silencio permanece lo suficiente,
cuando el mundo insiste en rodearlo de luz...
incluso el vacío
puede comenzar a preguntarse
qué significa no estar solo.