
Él nunca la vio... pero ella siempre estuvo ahí. Cada mañana, Emma caminaba por los mismos pasillos, se sentaba en el mismo rincón del patio y fingía leer mientras lo observaba de lejos. Leo, con su mochila gastada, su sonrisa casual y ese grupo de amigos ruidosos, parecía vivir en otro mundo. Uno donde ella no existía. No era tímida, pero con él... las palabras se le atoraban en la garganta. Lo conocía sin conocerlo: sabía cuándo fruncía el ceño al estar concentrado, cuándo se pasaba la mano por el cabello al estar nervioso, y cuándo reía como si nada en la vida pudiera herirlo. Pero también sabía que detrás de su mirada segura, había heridas ...All Rights Reserved
1 part