Hola, mi nombre es Chloe,
y no, no te daré un discurso sobre todo lo que he pasado... al menos no aquí.
Dicen que la primera impresión cuenta, igual que la última, pero esa la decides tú cuando te des la oportunidad de conocer mi historia.
Creo en lo que no es tangible, en los corazones heridos que se encuentran porque aún hay bondad en ellos. En ese deseo de refugiarse en una caricia, en la aceptación del otro, sin tener que extinguirse para pertenecer.
Cuando tenía cuatro años, descubrí un don espiritual que, al principio, llamé intuición.
Con el tiempo, entendí que la clarividencia me había elegido a mí.
Anhelaba conocer a más personas como yo, sin tener que esconder lo que soy. Sentirme sola en este proceso, queriendo hallarme en otros, evitando lo que soy, me hizo entender que la vida era una fiesta de disfraces, y yo asistí con el rostro real.
Lo cierto es que ver más allá nunca fue el problema.
El problema fue sentir la verdad de otros.
Un día, durante la celebración de graduación de mi mejor amigo, conocí a un ingeniero que quiso entender mi mente para comprender lo que soy.
Y yo, que tanto he perdido, decidí perderme... confiando en él.
Y al querer entenderme, se descubrió él también.
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