Había una época en la que todo parecía estar bien.
El cielo aún tenía ese tono cálido al amanecer,
la risa de Emma resonaba como un eco de primavera,
y Shinichiro, con su sonrisa cansada pero firme, siempre estaba ahí.
Izana no era perfecto, pero incluso en su forma torcida de amar,
había encontrado en ellos algo parecido a una familia.
Y Manjiro...
Manjiro Sano todavía podía sonreír.
Eran días dorados que parecían eternos.
Toman crecía, los amigos se fortalecían,
y aunque la vida dolía a veces, siempre había alguien al lado.
Alguien que entendía.
Alguien que curaba.
Pero nada dorado dura para siempre.
Y lo que parecía un sueño construido sobre ruedas,
lealtades y promesas,
se convirtió en una pesadilla arrastrada por el destino.
Emma murió en sus brazos.
Shinichiro nunca llegó a despedirse.
Izana cayó en una guerra que no era solo suya.
Y Mikey...
Mikey se rompió.
El líder temido. El hermano querido. El amigo silencioso.
Manjiro Sano dejó de existir ese día.
Y en su lugar, solo quedó una sombra.
La Tokyo Manji se disolvió sin explicaciones.
Bonten surgió desde las cenizas, no como un nuevo imperio,
sino como un refugio para un alma perdida.
Mikey dejó de comer, dejó de dormir, dejó de hablar.
Mientras todos sus amigos lo buscaban,
él solo pensaba en una cosa:
"¿Por qué me quedé solo si prometimos estar juntos siempre?"
Esta no es una historia de pandillas.
Esta es una historia de promesas rotas.
De amor entre hermanos.
De pérdidas que lo cambian todo.
Y de un corazón que se fue apagando... lentamente.
All Rights Reserved