Ese verano, mi amiga-hermana y yo compartimos cada momento: llamadas interminables, aventuras en la feria y risas que parecían no acabar nunca. Fer, Jacob y Sebastián despertaron emociones que no sabía que existían: pasión, seguridad, ternura... y a veces confusión. Pero mientras me dejaba llevar por ellos, descubrí algo crucial: la verdadera felicidad no la dan los demás, sino lo que aprendo a encontrar en mí misma
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