Mi nombre es María Catalina Del Valle Beltrán, y crecí entre códigos, dictámenes... y bisturís de lujo.
Mi madre, la cirujana plástica más admirada de la ciudad; mi padre, el penalista que defiende a quienes todos dan por condenados.
Aprendí que la verdad puede ser moldeada con precisión quirúrgica... y que la justicia, muchas veces, se negocia entre sombras.
Pero lo que vino después fue algo distinto:
Un juicio sin jueces ni fiscales.
Una batalla silenciosa entre el deber y el deseo, entre el pasado que me formó y el futuro que me reclama.
Porque en esta historia, cada familia guarda un secreto,
cada apellido arrastra una deuda,
y cada corazón... tiene su propia ley.
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