Solo una guerra. Tan solo dos bandos. Y, aún así, miles de heridos. Miles de muertos. Miles de familias destrozadas. Miles de corazones demasiado cobardes para abrir sus corazas y aceptar que, para silenciar al pueblo, no solo hacen falta armas pesadas, armaduras de acero y amenazas sangrientas, sino la misma fuerza y decisión que el mismo posee para abrir los ojos y mirar a través de toda esa fachada que amenaza con destrozarlos.
Un oscuro secreto se esconde tras los muros, cobijándose entre las sombras de la noche y las grietas en la piedra que corroen poco a poco el orden y el silencio, consumiendo lentamente lo que cada día se escucha más lejano, más nostálgico, como un murmullo que se cuela por las rendijas de sus jaulas, atacando sus mentes con un tortuoso recuerdo de lo que una vez fueron sus vidas. La libertad.
Pero, ¿qué pasaría si una de esas jaulas se rompe? Cómo con las aves en cautiverio, aún con los mejores cuidados, el mejor alimento y el mejor trato dado en sus años de vida, prefieren la libertad. Prefieren salir de esa jaula, desplegar las alas y perderse en el inmenso azul del cielo, no sin antes dejar un rastro de caos por donde vayan. Aunque, en estas jaulas no se encuentran aves exóticas, con sus plumajes coloridos y extravagantes, sino simples personas. Humanos privados de su libertad que desean que el recuerdo de esta no sé convierta en un sueño que nunca podrán alcanzar.
"Ni Dios, ni amo. Ni amo, ni esclavo".
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