Nunca pensé que el mundo podía cambiar así. Tan rápido. Tan de golpe y tan aleatoriamente.
Ayer todo iba normal. De verdad. Desayuno rápido, bronca con papá porque no encontraba mis zapatillas, May que no quería ir al colegio. Lo típico. Luego el viaje, la radio con música vieja que a él le encantaba y a mí me sacaba de quicio. Los árboles, la risa de May, las bolsas con la comida... era solo un fin de semana de camping.
Una escapada.
Una puta escapada para desconectar.
Y ahora... ahora no entiendo nada.
Todo se empezó a sentir raro desde el primer momento, pero lo ignoramos. O bueno, yo lo ignoré. Mi padre también. Él siempre hacía como que todo estaba bien. Que no pasaba nada. Que si te caías, te levantabas. Que si tenías miedo, lo respirabas y lo tragabas. Que si algo dolía, dolía, y punto. Pero tú seguías.
Y ahora no está.
Duele decirlo. Pensarlo. Aceptarlo. Pero es así.
No está.
La vida puede ser difícil, eso lo sabemos todos, pero especialmente los hermanos Riddle, aunque ambos estaban seguros de algo y es que siempre se tendrían el uno al otro, pase lo que pase o eso esperaban...