La adrenalina corría locamente por mi cuerpo, no sabía como lograba contener el temblor de tantas emociones reprimidas en mi cuerpo. Las rodillas temblaban cuando bajábamos a trote las escaleras y disipando lo que se acercaba lo único que podía hacer era gritar.
El golpe sordo de la maleta contra el suelo me hizo brincar, pero mantenía mis manos ocupadas empujando a los rehenes que se mantenían estáticos en su lugar a causa del revuelo.
Denver y yo nos mantuvimos junto a los pilares que llevaban a la salida, cuando las pisadas de un muy apresurado Río me hicieron sonreír, se sentó junto a Tokio armando a toda prisa el proyectil.
Con una mirada de complicidad y un asentimiento de cabeza, las asperezas se limaron en ese momento manteniendo un pacto silencioso.
Saldríamos de esta con vida.
Palermo mantenía los ojos concentrados en la imagen y con una mano arriba para dar la señal en el momento justo, los rehenes chillaban ante cada palabra que emitía. Con un asentimiento de cabeza mío Denver pulsó el botón y dándome la espalda se tapó los oídos, sin girarme imité su movimiento dejando que el arma descansara sobre la gruesa cinta que atravesaba mis hombros.
Sin pestañear si quiera Tokio y Rio tiraron del gatillo, las dos pequeñas puntas atravesaron las puertas y el estallido se escuchó.
Caminé hacia la entrada quitándome la careta.
El humo y el gran tanque incendiándose serían suficiente distracción para que nadie reparara en mi rostro.
El mensaje estaba claro.
Íbamos a responder ante cualquier ataque que nos hicieran.
Denver pulsó el botón y se unió a mi lado para observar el resto de nuestro espectáculo.
Wszelkie Prawa Zastrzeżone