¿Alguna vez te has preguntado qué tan mala puede llegar a ser tu vida? Yo nunca, y repito NUNCA, me lo había preguntado. Por eso la vida decidió que era el momento de ponerme a cuestionar cada decisión que tomo a diario. ¡Por Dios! ¿Qué posibilidades había de que él me encontrara? ¿Por qué sabía de mi existencia para empezar? ¿Por qué me negué a ese caso si acostumbro a defender los derechos de las personas, sin importar lo animales que sean o lo perdidos que se vean?
Pero aquí estoy, a consecuencia de una respuesta inoportuna. Si la vida me diera la oportunidad de regresar el tiempo, definitivamente habría agarrado la pistola de papá y me habría pegado un tiro. Así no estaría pasando por todo esto desde hace días. ¿Cuántos días? ¿Siete? ¿Tres? Ni siquiera sé qué día es hoy. Desde que estoy aquí solo escucho voces. No me quitan las vendas de los ojos, ¿o ya no puedo ver? No sé, no estoy segura. Solo sé que todo esto es a consecuencia de mis decisiones, de no tomar ese estúpido caso.
Los escucho repetidas veces decir: "El Don mandó a golpearla, no a matarla", "El Don no quiere saber nada de ella". Ese inútil... Para empezar, ¿cómo fue que se dejó agarrar por las autoridades si se supone que es el puto Don de la Cosa Nostra?
Dios, cuídame, no me dejes sola aquí...
Pero para que entiendan mejor, ¿por qué no empezamos desde el comienzo de mis malas decisiones, desde el inicio de mi semana de mierda, donde creí que todo sería normal? Tan normal como lo es la vida de una abogada penal en este mundo de delincuencia e injusticias...
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