Una lucha sangrienta se desata con violencia, ella luchará por sobrevivir hasta el final, no se detendrá, hará lo que tenga que hacer para volver a casa con vida. No planea rendirse. Pero él, esa cosa, ese demonio, ese monstruo, que la acecha entre las sombras y la oscuridad, párese que no la dejara en paz, esta cazando la, acechando la, merodea a su alrededor como un depredador estudiando a su presa. Ella no se da por vencida, no teme, no duda. ¿Quién es el cazador? ¿Y quién es la presa? Ella que se mantiene firme hasta sin temblar o dudar, o él la acecha y vigila, preparado para atacar.
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