Noah Benedetti está cansado de perder personas.
Después de aprender que querer a alguien no siempre es suficiente para hacer que se quede, vuelve a Stanford decidido a concentrarse en lo único que todavía puede controlar: el fútbol, sus estudios y ese futuro que lleva años intentando construir. Ya no es el mismo chico que confiaba con facilidad, y detrás de su carácter serio, sus malas respuestas y esa necesidad de mantener a todos a cierta distancia, sigue escondiéndose el miedo que nunca consiguió abandonar.
Entonces aparece Alicia Thompson.
Rubia, de ojos azules, un metro cincuenta de energía imposible de ignorar y una facilidad desesperante para meterse donde Noah no la llamó. Alicia sonríe, insiste, habla demasiado para el gusto de él y parece empeñada en derribar cada muro que Noah levanta frente a ella, aunque detrás de toda esa alegría también existen heridas que prefiere mantener lejos de la mirada de los demás.
Él la llama pequeña amenaza, gremlin, enana o mini torbellino.
Ella sólo necesita una palabra para definirlo: gruñón.
Lo que comienza entre discusiones, provocaciones y una cercanía que ninguno pidió empieza a transformarse cuando las miradas duran demasiado, los celos dejan de parecer simples molestias y alejarse comienza a resultar mucho más complicado que quedarse.
Pero Noah ya sabe que enamorarse no garantiza un final feliz, y Alicia descubrirá que algunas personas pueden hacerte sentir acompañado mientras despiertan exactamente los miedos que llevabas años intentando esconder.
Entre fútbol americano, amistades, heridas familiares, decisiones equivocadas, sueños que empiezan a tomar caminos distintos y sentimientos que ninguno sabe manejar del todo, Noah y Alicia tendrán que descubrir si querer a alguien significa aferrarse a él o aprender a elegirlo sin dejar de elegirse a uno mismo.
Porque enamorarse puede ocurrir por accidente.
Elegir a alguien cuando hacerlo puede cambiarlo todo es otra historia.
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