La música siempre los salvó de sentirse miserables. El cómo se unieron no es un misterio; tal vez solo son un grupo de amigos tratando de triunfar en un mundo donde a veces todo está en contra. Cada acorde y cada letra se convirtieron en un refugio, un espacio donde podían ser ellos mismos y dejar atrás las inseguridades.
Con cada ensayo, sus risas resonaban, creando un lazo inquebrantable. Las melodías que creaban no solo contaban historias, sino que también reflejaban sus sueños y esperanzas. En un mundo que a menudo parece sombrío y lleno de desafíos, su pasión por la música les daba fuerza, motivación y, sobre todo, la certeza de que juntos podían enfrentar cualquier adversidad.
Y así, en cada presentación, no solo compartían su arte, sino también una parte de sí mismos, recordando que, aunque el camino fuera difícil, la música siempre sería su salvación y su forma de conectar con el mundo. En un momento de incertidumbre, se dieron cuenta de que el verdadero triunfo no radicaba en la fama, sino en la amistad y la pasión compartida
Andrómeda nunca quiso volver al comando, pero un error la obliga a enfrentarse de nuevo a ese mundo del que huyó. Lo que parecía solo un regreso incómodo se convierte en una cadena de riesgos, secretos y revelaciones sobre su pasado que podrían cambiarlo todo.
Su mayor temor siempre fueron sus propios ojos: ese extraño don que reacciona a sus emociones y la llevó a evitar sentir demasiado. Ni rabia, ni dolor... ni amor. Pero en el comando no solo tendrá que luchar contra enemigos externos, también contra aquello que lleva dentro. Y en medio de la oscuridad, cuando menos lo espera, conocerá por primera vez lo que significa dejarse arrastrar por un sentimiento que creyó que nunca experimentaría.