Ser un Wayne no es fácil.
Ser un hijo de Bruce Wayne, menos.
Ser uno de los Robins, uno de los que alguna vez usaron capa roja, máscara negra o chaqueta de cuero... bueno, eso ya es otro nivel de caos.
Porque en esta casa - la Mansión Wayne, la baticueva, la torre, la Atalaya, Gotham entera - todo es patrullaje, entrenamiento, bromas, explosiones de confeti, robos de Nuggets y cámaras escondidas en peluches de Wonder Woman.
Aquí todos gritan, se pelean, se acusan, se roban combos de McDonald's y se vigilan entre ellos... pero nadie, absolutamente nadie, se escapa de la regla principal:
la familia es primero.
No importa si Jason amenaza con una bomba de brillantina.
Si Dick se roba tus papas fritas.
Si Tim hackea tus drones.
Si Damián te lanza una katana solo porque miraste a su gato.
Si Cass aparece sin hacer ruido a tu espalda.
Si Steph mete la nariz donde no debe.
Si Duke coordina todo como gerente de operaciones del caos.
Al final del día - o de la noche, o de la madrugada - todos terminan en la misma mansión, el mismo sillón, o la misma cocina, compartiendo un pastel, un chisme o un recuerdo.
Y aunque Bruce jure que "Batman no descansa", todos saben que una vez al año, o dos, o tres, se queda atrapado bajo una montaña de hijos, almohadas y recuerdos que grabó un Robin muy rencoroso.
Esta es la historia de cómo sobrevivir siendo un Wayne.
Cómo algo cambio la dinámica.
De cómo no morir (literalmente).
De cómo amar (a escondidas).
Y de cómo hacer que cada cumpleaños, cada día del hijo, cada entrenamiento, cada combo de Nuggets... sea un recordatorio de que, pese a todo, ser familia es su mejor armadura.
Bienvenido a la Mansión Wayne.
Ponte el casco, revisa que no haya peluches grabando... y pasa.
Sinopsis:
¿Hasta dónde llegarías por tener la vida de otro? Petunia Dursley no solo lo descubrió: lo hizo. Robó la magia, la juventud y el destino de su hermana Lily, sembrando una mentira perfecta. Pero en un mundo de varitas y hechizos, ¿puede un secreto tan oscuro permanecer oculto para siempre? Para Petunia, la respuesta es simple: "Sí. Porque yo lo decido."