Lo que pasa en una fiesta, se queda en la fiesta. O eso creyó Enid hasta el lunes a las 7am. La chica con la que discutió y besó entre luces neón y tequila barato está sentada dos filas adelante en su clase de Derecho. Peor: es su compañera de todo el trimestre, la niña perfecta, o eso creía hasta ese momento. Ahora comparten campus, debates, y una tensión que ni el café de la cafetería puede cortar. De discusiones absurdas en una fiesta a compañeras de trabajos forzados. De miradas asesinas a miradas que duran demasiado. El problema no es odiarla. El problema es que tal vez ya no la odia.
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