Entre silencios y suspiros, aprendí a hablar con Dios
No escribo estas palabras porque tenga todas las respuestas, ni porque mi vida sea perfecta o fácil de contar. Las escribo porque en medio del silencio, encontré a un Dios que me escucha sin que yo tenga que gritar. Porque aprendí que hay historias que se viven por dentro, y no por eso valen menos.
Crecí en un entorno de servicio, moviéndome de un lugar a otro, aprendiendo a adaptarme, a callar lo que dolía y a sonreír cuando el alma solo quería llorar. No tuve una infancia como la mayoría. Faltaron juguetes, abrazos constantes, tardes largas con amigas... pero Dios estaba ahí, en formas que solo ahora comprendo.
He llorado sin que nadie lo sepa, he amado sin ser notada, he sentido que no era suficiente, que el cariño iba hacia otro lado. Y aun así, aquí estoy: no porque no me haya roto, sino porque el Señor ha recogido cada pedazo con ternura. Porque me abrazó cuando más lo necesitaba, a veces a través de una canción, otras veces a través de un peluche, y muchas veces, en lo secreto de mi habitación.
Este libro es un pedacito de mi alma. No está escrito desde la que ya superó todo, sino desde la que sigue caminando, aprendiendo, soltando, confiando. Ojalá, al leer estas páginas, sientas que no estás sola. Que tus emociones importan. Que tu voz tiene valor. Y que en los momentos donde nadie más entiende, Dios sí lo hace... y Él permanece.
Tutti i diritti riservati