El frío suelo de Asgard nunca le había parecido tan gélido. Loki se acurrucó, sus brazos rodeando su vientre abultado en un intento inútil de encontrar algo de calor. No era el frío invernal lo que lo hacía temblar, sino la helada indiferencia de su familia, la misma que juró protegerlo. Loki, un omega adolescente en un mundo que valoraba la fuerza y la pureza de linaje, había sido desterrado, abandonado a su suerte en los rincones más oscuros del palacio. La noticia de su embarazo había sido el detonante, una mancha insoportable para la orgullosa estirpe de Odín.
NOTA: Las imágenes no me corresponden.
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