Todo comenzó con una apuesta: si México lograba acostarse con Perú antes del invierno -y si era en su propio nido- ganaría el doble. Fue Canadá quien la propuso, y México, confiado, aceptó... sin imaginar que terminaría enamorándose de verdad.
Cuando la culpa lo consumió, México decidió confesarlo todo antes de que Perú se reuniera con Estados Unidos. Pero la verdad llegó igual como una herida. **Perú, decepcionado, rompió el vínculo antes de poder anidar**, afectando su salud física y emocional.
Lo que vino después fue lucha, silencio, intentos y redención. México ya no buscaba cumplir una apuesta, sino recuperar al Omega que aprendió a amar.
Una traición marcó el inicio.
El amor, con paciencia, decidió el final.
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