No es un mito.
No es una leyenda.
Es la historia prohibida que incluso los ángeles susurran con temor.
Dicen que cuando Dios expulsó a Lucifer por su arrogancia, el ángel caído descendió al Infierno entre llamas y desprecio celestial. Pero lo que los textos sagrados jamás revelaron -lo que fue borrado de los pergaminos por manos temblorosas- es lo que ocurrió después.
En su soledad, en su orgullo herido, Lucifer no maldijo al Cielo. Creó.
Por puro capricho, por una maldita necesidad de burlarse del Creador, el Príncipe de las Tinieblas formó una criatura a su imagen distorsionada. No una bestia colosal. No un demonio de fuego. No un dragón. No. Creó un gato.
Pequeño. Ágil. Hipnótico.
Tierno al ojo humano.
Pero portador de una maldad tan refinada que ni las legiones del Averno se atreven a mirarlo a los ojos.
No tiene nombre. No tiene forma fija. Pero de su sangre surgieron todos los felinos, cada uno con una chispa de su poder oscuro. El gato original -el Mínimo Infernal- sigue suelto.
Algunos seres celestiales susurran que él fue quien provocó la extinción de los dinosaurios... por diversión. Que sus maullidos quebraron la mente de Calígula. Que sus zarpas indicaron la ruta hacia el "descubrimiento" de América. Que sus ronroneos susurraron ideas macabras en los sueños de un dictador alemán. Y que su rastro es detectable en al menos el 39.6% de los desastres naturales registrados por el hombre.
El verdadero arquitecto de la ruina del mundo camina en silencio, ronronea en la oscuridad y duerme junto a tu cama...
Porque su misión es destruir todo lo que Dios ha creado.
Y ahora, vuelve al mundo terrenal, para acabar con TODO.
Seluruh Hak Cipta Dilindungi Undang-Undang