En la opulenta corte de Fontaine, donde la justicia se mide en espectáculos y el agua dicta los latidos del poder, dos almas heridas hallan consuelo en una melodía compartida. Furina, la otrora Arconte recluida en su propia farsa, y Arlecchino, la implacable Harbinger fatui, se cruzan tras bambalinas de la grandiosa Ópera Epiclese.
Ella canta para expiar su culpa; él acecha por un deber que arde en su interior. Entre notas de piano y espejos de agua, el fuego y el agua se entrelazan en un vínculo frágil: una redención que puede convertirse en perdición.
Pequeña aclaración Arlecchino es mujer en esta historia, sí, pero conjugarlo con "él" quedaba mejor en el contexto de esta descripción, además le llaman "Padre".
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