Supongamos que estoy harto de la vida y que decidí hacer algo así como... terapia. Terapia de shock, más o menos. Antes de confesar lo que hice, tengo que contarte qué me llevó a actuar así. Tal vez así sientas empatía. O lo que sea. Y si no, te puedes chupar un güebo. Sí, dije güebo. Esta es mi historia, y si no te gusta, cierra el puto libro.
Toda mi vida he vivido sometido por una fuerza que no entiendo. Siempre he intentado ser una mejor persona, y justo cuando creo que lo estoy logrando... pierdo todo. Quizás algunas cosas han sido mi culpa. Como dejar que alguien se me meta en la fila del supermercado. Pero dime, sinceramente, ¿qué hijo de su maldita madre le pasa por encima a otro en una fila?
En fin. No estoy aquí para hacerme la víctima. Soy de una generación a la que todo el mundo juzga. Pero seamos sinceros: la mayoría merece ser juzgada. Las redes sociales y el internet nos han dado poder, acceso, voz... pero muchos usan eso solo para joder. Joden a personas como yo. Más débiles. Más calladas.
Yo decidí no callarme más.
Tomé la situación en mis manos. Literalmente.
Y acabé con las personas que me causaron trauma. Así es. Decidí ser un asesino.
Y esta... esta es la historia de las personas a las que quisiera matar.
O a las que ya maté.
Tal vez.
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