Las personas somos seres con el instinto de proteger a quienes amamos.
Sin embargo, las acciones del pasado siempre afectan el presente, del mismo modo que una flor no puede escapar de las consecuencias del ambiente en el que ha crecido.
Durante la obra, Víctor, un joven condenado a una cama, vive la vida como si fuera una tortura incesante. Su cuerpo está limitado, pero su mente navega por emociones complejas que oscilan entre la rabia, la tristeza y una necesidad urgente de afecto.
Lian, por su parte, es un chico sensible, con un corazón frágil y una colección de secretos que nunca han visto la luz. Busca desesperadamente encajar en una relación que, aunque disfrazada de cuidado y ternura, solo traerá dolor.
El amor está en juego constantemente, pero no como una redención: aquí, el amor hiere, manipula y deja cicatrices invisibles. Es una danza silenciosa entre dependencia emocional y falsas promesas de consuelo.
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