Betty Cooper pensaba que lo tenía todo bajo control: sus notas, su futuro, su sonrisa.
Hasta que empezó a recibir cartas.
Anónimas. Íntimas. Imposibles de ignorar.
Pronto, las palabras que llegan en sobres sin nombre empiezan a meterse bajo su piel,
a revolverle pensamientos,
a quitarle el sueño.
En Riverdale, el silencio guarda secretos.
Y alguien -muy cerca- ya cruzó la línea.
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