He vivido toda mi vida en el CAR, la edad mínima para entrar eran los 12 años, a los 10 vinieron a mi pabellón en busca de una nueva integrante de la selección junior.
Una gimnasta del conjunto titular se había lesionado, en otras selecciones disponen de suplentes, pero aquí no, buscaron la última campeona nacional y dieron conmigo.
El CAR no era un mal sitio, pero no para una niña de 10 años, abusada por su entrenadora anterior, llevada al límite y explotada, que ya no sentía nada por su deporte, pero era lo único en lo que destacaba.
Mi vida empezó a mejorar en este sitio, aún que entrenaba el doble de horas que en mi club, no había comparación con la sensación de armonía que empezaba a experimentar.
Me llevó menos de dos semanas adaptarme, fuimos campeonas de Europa junior, y poco después, solo con 14 años, me subieron a senior individual, nivel internacional, todo me indicaba a unas olimpiadas.
Cuando todo empezaba a mejorar llegó la notica, no pase el reconocimiento médico previo al mundial, lo que me dejaba fuera de las olimpiadas. Tenía el menisco roto y el ligamento cruzado anterior totalmente destruido.
Yo estaba destruida.
All Rights Reserved