Yetao pensó que la forma en que se habían enamorado había sido muy natural. Comenzaron a entrelazar sus dedos en la comodidad de su intimidad, acercaban cada vez más sus rostros cada vez que hablaban, buscaban acostarse uno al lado del otro de manera casual cuando los 4 miembros de su pequeña familia estaban acurrucados en la misma cama.
Y finalmente sus labios se encontraron una noche en que se quedaron solos en su habitación.
Si les preguntabas, ninguno de los dos recordaba quién había roto la tensión primero. Lo único que sabían era que en un minuto estaban debajo de las mantas contándose el uno al otro lo que habían hecho durante el día como todas las noches, Yuchen mirando a Yetao con esos enormes ojos tontos de boba y Yetao con las mejillas tímidas y rosadas, mientras sentía la adoración entre ellos. Y en el minuto siguiente, las manos de Yetao estaban alrededor del cuello de Yuchen, sosteniéndolo con fuerza como si no quisiera que escapara. Las palmas de las manos de Yuchen a cada lado de su cara, apoyando su peso en ellas y evitando aplastar a Yetao bajo su cuerpo.
Todo sucedió así, naturalmente.
All Rights Reserved