Todos lo querían... excepto él.
Kageyama nunca pidió la atención, ni el título de Rey de Corazones. Mientras la preparatoria Karasuno comenzaba a recuperar su nombre en las canchas,
él solo encontraba sentido en alguien que brillaba sin querer hacerlo. Alguien imposible de ignorar. Porque hay partidos que se ganan con técnica,
y otros, con el corazón.
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